No estudies para aprobar exámenes, estudia para dar sentido a tu vida

Una de las cosas que se nos viene a la cabeza a los estudiantes (o por lo menos a mí) después de que escuchamos las campanadas la noche del 31 de diciembre es que los exámenes están cerca. ¡Y es que enero y febrero son los meses que marcan la primera época de exámenes del año! Pero, lejos de estar motivados por dar el empujón final, muchos estudiantes se deprimen y los ven como una horrible etapa que hay que acabar cuanto antes, en lugar de ser la oportunidad de demostrar todo lo que sabemos sobre el tema del que nos vamos a examinar.

No estudies para aprobar exámenes, estudia para dar sentido a tu vida

No, tampoco digo que sean lo más maravilloso del universo. Yo también los he sufrido (y sigo haciéndolo), y sé que muchas veces nos enfrentamos a ellos con miedo porque no estamos seguros de lo que sabemos o porque no hemos tenido tiempo de preparárnoslos bien del todo, cada uno tendrá sus motivos. Pero creo sinceramente que muchas veces nuestros resultados están condicionados a lo que pensamos cuando estudiamos o incluso a cómo nos sintamos el mismo día de la prueba. Y, a su vez, dichos resultados son los que muchas veces van a decidir (en parte) en lo que va a convertirse nuestro futuro.

¿Te has parado alguna vez a pensar por qué estás estudiando?

Muchas veces estamos tan concentrados haciendo algo que nos olvidamos del motivo que nos llevó a esta situación. ¿Por qué estás dedicándole tantas horas de tu tiempo a prepararte una prueba? ¿Qué camino va a abrirte el que consigas superarla? ¿Te va a dar acceso, de una manera o de otra, a lo que siempre has querido hacer?

Ya sea un examen de certificación de nivel de un idioma, una prueba de nivel para acceder a un curso o unas oposiciones, tener un objetivo y creer que llegar a él es posible va a condicionar tu mente mientras estés hincando los codos. Te hará estar más receptivo, más atento y, lo más importante: es lo que va a tirar de ti en los momentos de fatiga y de desánimo, esos que siempre le llegan a todo el mundo, aunque no todos nos atrevamos a admitirlo.

Cuando se está estudiando es importante también relacionar el tema con algo que nos apasiona. Así pues, estudiar unos contenidos en los que los ejemplos estén relacionados con algo que nos guste o nos parezca interesante (por ejemplo, practicar la comprensión escrita leyendo un texto sobre nuestro grupo de música favorito) conseguirá que centremos toda nuestra atención en esa tarea y que demos lo mejor de nosotros para terminarla. Lo que es más importante: conseguirá que disfrutemos estudiando, que aprendamos casi jugando.

Un "no apto" solo significa que hay algo que debe mejorarse

En una sociedad en la que el error se ve como algo horrible y que ha de censurarse por todos los medios, suspender un examen o una prueba tiene unas connotaciones catastróficas: nos lleva al punto de pensar que no valemos para ello y nos hace caer, de forma inconsciente o no, en el victimismo.

Un suspenso o una mala nota solo deberían de ser indicadores de que hay algo que estamos haciendo mal, bien sea porque el método de estudio no es el adecuado o porque no le dedicamos el tiempo suficiente (entre otras muchas cosas). Llevarlo al extremo con pensamientos del tipo "soy un inútil para esto" o "nunca lo conseguiré" nos distancia de nuestro objetivo principal, aquel en el que cada uno hemos pensado en los párrafos de arriba.

Los exámenes nunca deberían desorientarnos: su propósito es medir el aprendizaje, no la inteligencia ni las dotes mentales para ese tema (¡muchas veces ni siquiera los conocimientos!).

Que el fin de tu estudio sea aprender, no aprobar

¿Qué es más importante: aprobar o aprender? En teoría, la respuesta a esta pregunta es muy fácil, pero en la práctica parece que dudamos más. Aprender consiste en descubrir cosas nuevas, en desarrollar nuevas facetas de nosotros mismos, en cambiar para ser mejores personas cada día. Aprobar solo es conseguir que un papelito o alguien diga de nosotros que somos válidos para un determinado fin, no que sepamos. Estudiar no solo debería de verse como un método para conseguir un fin (aprobar un examen), sino como un fin en sí mismo: una oportunidad para aprender, para mejorar.

Aunque los humanos somos curiosos por naturaleza, muchas veces no nos es posible retener todo aquello que consideramos interesante, pero sí lo que consideramos útil. Sé tú quien incite a tu cabeza a recordar con el objetivo de que lo que hagas vaya a serte de valor durante el resto de tu vida, y no solo en un punto determinado del futuro. Estudia para aprender más sobre el mundo que te rodea y los temas que te apasionan, y usa los exámenes como una forma de demostrar todo lo que sabes sobre ello.

No estudies para aprobar exámenes, estudia para dar sentido a tu vida

Y tú... ¿vas a seguir estudiando solo para aprobar o vas a aprovechar para aprender sobre el tema? ¿Crees que cambiar el pensamiento con el que te enfrentas a un examen ayuda a obtener resultados?

Fuentes de las fotografías: FranciscaRob