Similitudes entre ponerse en forma y aprender una lengua extranjera

Hace ya algo más de un mes que decidí empezar a ir al gimnasio con asiduidad y poco a poco parece que voy consiguiendo mis objetivos. Soy consciente de que perder peso, tonificar el cuerpo o conseguir muscularse (por cierto, algo que solo pueden hacer de forma natural los hombres) son tareas que requieren de mucho esfuerzo y sacrificio y no todo el mundo está dispuesto a asumirlo. Es por eso que hacer ejercicio está en los propósitos de año nuevo de mucha gente... ¡pero es que con el aprendizaje de una lengua extranjera pasa igual!



De hecho, cuanto más lo pienso, más paralelismos encuentro en las dos actividades. Como he mencionado antes, ambas requieren de constancia y ganas (de ahí el porqué no todo el mundo lo consigue). Sin embargo, una vez que se da el paso y se establecen objetivos claros, como afirma Pablo Muñoz en su blog, no debería de ser tan difícil. Si queremos aprender francés desde cero, por ejemplo, podríamos establecernos como objetivo  «conseguir el nivel A1 (inicial) de francés en seis meses», aunque nuestra meta final sea obtener un nivel mucho más alto. Sin prisa pero sin pausa, ya que tampoco vamos a conseguir un cuerpo de infarto con solo tres días que vayamos al gimnasio, ¿o sí? ;)

Una vez establecidos nuestros objetivos, el siguiente paso es decidir si lo haremos mediante un instructor o por nuestra cuenta (esta última, en ambos casos, es solo para los que que más fuerza de voluntad tienen). En cualquier caso, mejor contar con una persona cualificada que te ayude a alcanzar tus metas. Porque sí, Fulanito el que está cachas o tu prima que sacaba todo dieces en francés en el instituto no son igual que tú. Por tanto, lo que ellos hacen puede no valerte a ti (o no estar adecuado a tus necesidades específicas). Quizá a tu prima no le cuesta nada memorizar estructuras gramaticales para aprobar sus exámenes, pero tú lo que necesitas es hablar con fluidez...

Algo que también nos gusta mucho es compararnos con los demás (aunque esto sucede en casi cualquier aspecto de la vida, me atrevería a decir). No sé vosotros, pero cuando voy al gimnasio y hay alguna persona cerca, miro el nivel que ha establecido en la máquina y me entra un poco de envidia, e incluso siento ganas de hacer lo mismo... pero luego pienso fríamente y me doy cuenta de que ellos antes de llegar hasta allí han recorrido un largo camino. Siguiendo el ejemplo anterior, puede que veas que gracias a esa academia en la que está Menganita, ha mejorado su francés en muy poco tiempo. Pero, como he mencionado antes, lo que a ella le resulta puede que no funcione en tu caso. Quizá no es que la academia te esté estafando, sino que tú necesitas más tiempo para conseguir lo mismo.


Y por último, pero no menos importante, el caso de las dietas milagro, presentes en los dos ámbitos. Muchas personas recurren a ellas en vez de ponerse en forma de una forma segura y eficaz para tratar de conseguirlo en dos días (a veces, esta expresión es hasta literal) pero... ¿verdaderamente funcionan? Los expertos afirman mil y una veces que entrañan un riesgo importante para la salud. Aunque no tan peligrosos, en el mundo del aprendizaje de lenguas extranjeras también tenemos, pero en lugar de «dieta de la piña» se denominan «aprende inglés en una semana»«habla chino como un nativo en ocho meses»... Estos comúnmente llamados métodos suelen consistir en memorizar palabras como un loco sin interiorizar estructuras ni patrones a la hora de hablar y creer que eso es hablar otra lengua, exactamente igual que ese tipo de dietas que consiguen que pierdas muchísimo peso a costa de eliminar nutrientes...

Y es que aprender idiomas e ir al gimnasio no difieren tanto. Ambas desarrollan nuestro ser (mente y cuerpo) y son necesarias por igual. ¿No afirmaban los griegos «Mens sana in corpore sano»? Pues eso ;)

¿Estudias idiomas y haces ejercicio a partes iguales? ¿Se te ocurre alguna similitud más para completar la entrada?

Fuente de las fotografías: Gary Moore y Rocket Fuel